lunes, 10 de febrero de 2020

Weizmann, el hombre que hizo nacer Israel desde un laboratorio

Artículo de Pedro Gargantilla en ABC. El Dr. Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación. Su texto ha sido parcialmente modificado con datos de Wikipedia y se han incluido varias figuras no presentes en el artículo original.

Weizmann, el microbiólogo que descubrió la fermentación acetona-butanol

Etimológicamente acetona (Fig. 1) significa «lo que procede del acético» y seguramente la mayoría de los lectores la asociaran al típico olor penetrante que desprende el quitaesmalte de uñas. Sin embargo, en el siglo XIX este compuesto químico se empleaba para fabricar cordita, la «pólvora sin humo», que era más potente y precisa que la convencional. Uno de los muchos inconvenientes que tenía la pólvora clásica era que la deflagración generaba una enorme cantidad de humo.
Resultado de imagen de acetona
Fig. 1. Estructura química de la acetona

Los científicos del Reino Unido solventaron este problema al mezclar nitroglicerina, nitrocelulosa y vaselina, y disolver esta mezcla en acetona. 

Un problema de suministros 

La acetona se obtenía, inicialmente, a partir de acetato de calcio, siendo Alemania uno de los principales proveedores a nivel mundial. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial la producción inglesa de cordita se vio seriamente comprometida. Aquí es donde entró en juego el químico judío de origen bielorruso Chaim Weizmann (1874-1952). 

DOSSIER

Mientras ejercía la docencia en la Universidad de Manchester desarrolló una producción alternativa de cordita «contratando» en su laboratorio a la bacteria Gram positiva y anaerobia estricta Clostridium acetobutylicum. Con este microorganismo  era capaz de generar acetona a partir de los azúcares presentes en granos de maíz y arroz (Fig. 2). Se estima que producía doce toneladas de acetona a partir de cien toneladas de grano. Una cantidad que se antojaba a todas luces insuficiente. A pesar de las limitaciones, este proceso bioquímico funcionó hasta que empezaron a escasear los cereales, como consecuencia de las restricciones alimentarias propias de una nación en guerra. Por otra parte, la importación de maíz procedente de Sudamérica estaba seriamente amenazada por las acciones de los submarinos alemanes en el Océano Atlántico. 



Fig. 2. Fermentación ABE para la producción de acetona, etanol y butanol por Clostridium acetobutylicum

Las castañas entran en la guerra 

Fue entonces cuando Weizmann estudió otras vías de producción. Descubrió que a partir de las castañas también se podía conseguir acetona con un rendimiento óptimo. Ahora lo que hacía falta era agenciarse de ingentes cantidades de este fruto. Con esta finalidad el 26 de julio de 1917 se publicó en el diario «The Times» el siguiente anuncio: El gobierno necesita semillas de castaño, sin las cascarillas verdes, para el Ministerio de Municiones. Las nueces reemplazarán a los cereales que han sido necesarios para la producción de un artículo de gran importancia para la guerra. Durante las semanas otoñales de aquel año los escolares británicos exploraron bosques y caminos en búsqueda de castañas. Para estimular la recogida la Oficina de Guerra británica pagaba 37.5 peniques –unos 34 dólares actuales– cada centena recogida. Se calcula que llegaron unas 3.000 toneladas a la Synthetic Products Company de King`s Lynn, sin embargo, el rendimiento no fue el esperado inicialmente y la producción de acetona a partir de castañas no tardó en verse interrumpida. 

La mejor recompensa 

El gobierno británico agradeció públicamente a Weizmann su asesoramiento en la producción de cordita y, según la leyenda, se cuenta que Arthur J Balfour, el secretario de relaciones exteriores británico, le ofreció como recompensa lo que el químico ambicionara. Weizmann no dudó en solicitar la creación de un estado judío. El 2 noviembre de 1917 Balfour escribió una carta –que ha pasado a la historia como Declaración Balfour (Fig. 3) a Lionel W. Rothschild, en aquellos momentos el líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, para que se la transmitiera a la Federación Sionista. Este documento se considera el primer reconocimiento de una potencia mundial a los derechos del pueblo judío y el punto de partida del estado de Israel. 

DOSSIER

Fig. 3. Declaración Balfour (1917)

Al año siguiente, en 1918, Weizmann se traslada a tierras palestinas, recién conquistadas por las tropas británicas, como parte de una comisión sionista encargada de entrevistarse con varios dirigentes árabes, tanto palestinos como de otros lugares, para tomar el pulso de la situación e intentar tranquilizarles respecto a las intenciones sionistas. 

Se firma un primer acuerdo el 3 de enero de 1919 que reconoce a los sionistas su derecho a desarrollar la Declaración Balfour, incluida la inmigración judía masiva (el principal punto de conflicto con los árabes palestinos) sin más reserva que la igualdad entre las distintas comunidades religiosas.

Una vez establecido el Estado de Israel, Weizmann fue nombrado presidente del Consejo Provisional del Estado. En febrero de 1949, un mes después de las primeras elecciones israelíes, fue elegido primer presidente del nuevo Estado de Israel. 

A pesar de su intensa actividad política, Weizmann no abandonó nunca su trabajo como científico. En 1918 fue uno de los fundadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, institución cuyo establecimiento tuvo un doble carácter académico y político. En 1934 fundó en Rejovot (su lugar de residencia en Palestina) un instituto científico que más adelante sería conocido como Instituto Científico Weizmann.

En 1950 Weizmann enfermó y debió restringir su actividad. Fue reelegido en noviembre de 1951 y prestó juramento en su residencia de Rejovot (convertida desde entonces en residencia oficial del presidente de Israel) el 25 de noviembre. Falleció un año más tarde, el 9 de noviembre de 1952 y fue sepultado, conforme a su deseo, en el jardín de su casa, hoy parte del campus del Instituto Weizmann.

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Tomado y ampliado a partir de ABC y la publicación original Cuando llueve las primeras gotas que caen sobre un suelo seco favorecen que s...